Arquitectura y carga
Si las decisiones de diseño tienen sentido, dónde están los cuellos de botella y qué pasa cuando los pedidos se triplican en el Black Friday o en campaña de Navidad.
Pongamos una empresa de transporte de Valencia cuya aplicación de rutas y albaranes la desarrolló hace siete años un programador autónomo del que no se sabe nada desde hace un año. Funciona, pero nadie se atreve a tocarla, el servidor corre una versión de PHP sin soporte y la facturación sale de ese mismo programa, que ahora debería cumplir Verifactu. Entramos con acceso de solo lectura en un sistema que no hemos escrito y respondemos a tres preguntas: aguanta lo que viene, podría mantenerlo otro equipo y cuánto costaría ponerlo en orden.
Evaluamos con criterios fijados de antemano, no con gustos personales: capacidad de carga, facilidad de mantenimiento, seguridad y si el sistema sobreviviría a que se marche la persona que lo conoce.
Si las decisiones de diseño tienen sentido, dónde están los cuellos de botella y qué pasa cuando los pedidos se triplican en el Black Friday o en campaña de Navidad.
Legibilidad, pruebas automáticas, código duplicado, cómo llega una corrección a producción y si existe documentación útil para alguien nuevo.
Librerías abandonadas, componentes con vulnerabilidades publicadas, versiones de PHP, Node.js o del framework fuera de soporte.
Conexiones con a3ERP, Sage u Holded, TPV virtual Redsys y Bizum, etiquetas de SEUR, MRW o Correos Express. Miramos sobre todo qué ocurre cuando el servicio remoto devuelve un error o deja de responder.
Si el software emite facturas, revisamos si registra, encadena y conserva los registros como exige el reglamento de sistemas informáticos de facturación, o qué habría que cambiar para que lo haga.
Dónde están los servidores y los datos de clientes, qué dicen los contratos de encargado del tratamiento y si la configuración resistiría una inspección de la AEPD.
Si alguien que no sea el autor puede hacerse cargo, o si todo depende de la memoria de un desarrollador y de un repositorio en su cuenta personal.
La duración depende del tamaño de la aplicación y del número de integraciones; la comunicamos antes de empezar. Trabajamos con accesos de solo lectura.
Compra de una empresa, cambio de proveedor, preparación para Verifactu o simple evaluación de riesgo. El motivo decide qué se mira con lupa y el nivel de detalle del informe.
Repositorio, documentación, consola del proveedor de alojamiento, logs y tickets abiertos. También hablamos con el equipo por videollamada, porque parte del conocimiento nunca se escribió.
Cada criterio se evalúa por separado y cada hallazgo se acompaña de lo que significa en la práctica para el negocio.
Informe ordenado de lo más grave a lo menos importante, con coste estimado de cada corrección, y repaso conjunto por Teams o Google Meet.
El hallazgo más grave rara vez es código feo. Un programa poco elegante puede dar servicio diez años. Lo peligroso es que solo una persona entienda cómo funciona y que nada esté documentado, porque entonces la empresa negocia en desventaja cada renovación. Esa dependencia la señalamos aparte, al margen de la calidad técnica del resto.
Bastante: comportamiento de la aplicación, tiempos de respuesta, configuración expuesta, estructura de la base de datos si tienen acceso, logs de errores, contratos y facturas. El informe será más breve y dirá claramente qué no se pudo comprobar. No tener el código ya es un hallazgo; merece la pena revisar qué dice su contrato sobre la propiedad del software.
Sí. Miramos lo que afecta al valor: licencias open source incluidas en el producto, deuda acumulada, dependencia de pocas personas y coste de operación tras la compra. La parte jurídica sigue en manos de su despacho de abogados, y adaptamos el calendario al suyo.
Revisamos el funcionamiento técnico frente a los requisitos del reglamento y le entregamos la lista de lo que falta. La declaración responsable del software la emite el fabricante o desarrollador, no nosotros, y cualquier duda fiscal conviene cerrarla con su asesoría.
Una aplicación de tamaño medio suele requerir entre una y tres semanas, según las integraciones. Trabajamos a 75 €/h + IVA o a precio cerrado, que le damos tras una primera reunión online con el alcance definido.
Lo escribimos, con el razonamiento y dos presupuestos: arreglo progresivo o reescritura. La decisión es suya, pero es más sólida cuando se apoya en cifras y no en impresiones.
Describa la aplicación y por qué quiere auditarla. Recibirá un informe con los riesgos ordenados del más serio al más leve.
Hemos recibido su solicitud
Tendrá respuesta en un día laborable. Si nos avisa de una avería que tiene parado a su equipo, la tratamos con prioridad.
No encontramos esa ciudad. Revise cómo está escrita o elija la capital de provincia más cercana: como trabajamos en remoto, el servicio es el mismo en cualquier punto de España.